
Un cuento de Vicente Giusto✒️
Recuerdo esa noche, contaba el taita Funes, cuando fuimos al baile de Laura, la luna estaba crecida y la mar estaba en calma. Era una noche para el bailongo, entreveros y metejones.
Allí estaban las paicas y las grelas, minas fieles de gran corazón y cada una defendiendo a su amor… Recuerdo, siguió el taita, a la rubia Mireya, que no tenía los ojos celestes como la pulpera de Santa Lucía. Ahí estaban también Estercita, Milonguita desde que vendió su alma por vestirse de percal, la Morocha Argentina que siempre madruga para servirle un mate a su gaucho. Como olvidarme de Margot, antes Margarita, desde que cedió a los besos brujos de su gavión y Merceditas, la desdeñosa, que se quedo para vestir santos. Rosaura no estaba, se había ido a las diez, como siempre porque su cafishio la esperaba en la esquina rosada y no podía faltar la López Pereyra, una bacana que lo dejó todo por un compadrito de Armenonville y después por uno de Hansen y después por uno de…Recuerdo esa noche, prosiguió el taita Funes bajo los efectos del alcohol, en tanto remotos acordeones desplegaban en la noche un pájaro de brumas y un coro de fantasmas pregunta con voz aspera de garganta con arena ¿por qué Malena canta el tango como ninguna? ¿Será porque tiene pena de bandoneón?
Te acordás hermano, le decía el taita Funes al malevo Mendoza bajo los efluvios del vino y la nostalgia, eran otros hombres más hombres los nuestros, mientras sus rodillas se rozaban por debajo de la mesa.
El autor:

Vicente Giusto. Argentina 1950. 2º premio concurso Revista de Historia del IPGH. LIBRO DE poesía El grito, Antologia de la SADE.







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