
Un cuento de Carlos Daniel Orechia✒️
Heme aquí, en el aeropuerto internacional, a punto de despedir a mi hijo menor, Gonzalo, quien, recién recibido de ingeniero, partirá a Europa. Más precisamente, a Italia, en busca de mejores oportunidades.
En mi mano, un decenario con su Padre Nuestro, sus diez avemarías y un Gloria, junto a la cruz que cerraba un círculo de fe que había permanecido en la familia por años.
Según supe, mi tatarabuelo, Pietro Di Chiara, corrió a comprarlo en la tienda de su pueblo, Manarola, en Liguria, Italia, para regalárselo a su hijo, Luca Di Chiara, mi bisabuelo, antes de partir hacia Sudamérica, escapando de la hambruna de finales del siglo diecinueve.
Luca, un joven intrépido, había convencido a su familia de venirse a “Le Americhe” del sur, en busca de un horizonte próspero para su futuro. A pesar del dolor de Pietro de sentir cómo su hijo se alejaría tanto, no dudó en apoyarlo, aunque antes le regaló aquel decenario y le expresó: “Questo è per il tuo ritorno”, con la esperanza de volverlo a ver.
Mi bisabuelo jamás regresó, pero conservó su regalo con tal celo que, a pesar de haber tenido siete hijos en estas tierras, eligió a Antonio, su quinto hijo. ¿Por qué? No se sabe. Pero sí se sabe que le dijo que lo guardara y cuidara como un tesoro.
Antonio, más de acá que de allá, conservaba varios valores, sobre todo morales, de los Di Chiara, junto con algunas tradiciones, las que trató de transmitir tímidamente a sus hijos, que también fueron varios, sobre todo a su hija menor, Dora, mi madre, que lo amaba tanto. Según contó mi padre, cuando falleció Don Antonio, ella enfermó de depresión y le costó mucho salir de ella. Antes de ese triste episodio, Don Antonio le había confiado el decenario, el que venía circulando en la familia por un camino misterioso, pero firme en su recorrido.
Y entonces llegué yo, el tercero de sus hijos. Con tan solo dieciséis años y sin mayores preocupaciones, mi madre me sentó y me dijo:
—Vení, que tengo que darte algo valioso y contarte su historia.
Y así, llegó el decenario a mis manos, el mismo que había recorrido, de forma casi mágica, un misterioso sendero familiar cuyo sentido estaba a punto de revelarse. Ahora, a mis cincuenta años, viendo elevarse los aviones indiferentes al dolor que me embargaba, sentía quizás el mismo dolor que tuvo Pietro. Paradójicamente, la historia parecía invertirse más de cien años después, pero con las mismas situaciones adversas de uno y otro lado del mundo.
Entonces se acercaba Gonzalo para decirme que ya habían anunciado su vuelo. Lo abracé con todas mis fuerzas, le dije que lo amaba, abrí su mano y le coloqué el decenario.
—Pero papá, esto es tuyo. Sé lo valioso que es para vos.
—No, hijo, jamás fue mío ni de mi familia. Ahora es tuyo; al fin y al cabo, cumplió su cometido de provocar el “ritorno”.
Lo aceptó, volvimos a abrazarnos y simplemente partió. Sé que quizás no comprendió lo que le dije, a pesar de conocer la historia de ese simple regalo. Puede que lo haga cuando llegue y pise el suelo de ese pais del viejo continente, y comprenda que, quizás, nunca nos fuimos del todo de allí.
FIN
El autor:

Carlos Daniel Orechia nació en Argentina en 1964. Durante toda su vida se desempeñó como obrero de montaje industrial de cámaras frigoríficas, un oficio de esfuerzo y precisión. A sus 61 años, ha decidido volcar esa misma dedicación a su profunda pasión por las letras. Es socio de SADE (Filial San Martin) y además es autor del cuento largo Encasillados y del relato El Paciente (presentado en el certamen SADE 2026). Actualmente, se encuentra perfeccionando su primer libro, el cual está en proceso de corrección y próximo a publicarse.






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