Un cuento de José Edgardo Huberman✒️

Dicen que soy un traidor.
Aún retumban en mi cabeza las últimas palabras de la sentencia.
Eran del General presidente del Tribunal: “Por cuanto el causante ha violado las normas de la disciplina militar, fugando en el momento del combate y pasando al bando enemigo. Desde donde abrió fuego contra nuestro ejército.”
Y la defensa que hizo de mi acción el Capitán Gillespie, cuando dijo que fui reclutado a la fuerza, que mis antepasados se alzaron en armas en siglos pasados y perdieron así sus propiedades, su libertad de religión y hasta su idioma. Hasta le oí decir palabras en gaélico.
Dicen que soy un traidor.
Es cierto, deserté cuando iba al combate. Corriendo me escapé y me pasé al enemigo.
Yo pertenecía al Regimiento 71 de Guardias Escoceses, Higlhanders. Pero no soy de Escocia, soy de Irlanda. Mi país está dominado por los ingleses, hoy son la primera potencia militar y naval del mundo. Siempre fueron los amos despóticos de Irlanda, pero nosotros somos descendientes de celtas, como los gallegos. Y católicos como los españoles. Para nosotros los anglos son herejes.
Odio a los ingleses, que me obligaron a usar este uniforme rojo, me metieron en la fuerza naval hasta que desembarcamos en esta colonia española.
Los odio, vi como trataron a otros pueblos, como nos trataron y nos ven a los de Irlanda.
Por eso cuando me llevaron con las columnas de infantes hasta este arroyo, aproveché un descuido y me escapé. Llegué hasta unas casas viejas y en ruinas, me encontré con los hombres del campo que aquí llaman gauchos y me recibieron con abrazos cuando les dije que yo era un desertor. Conocí a Juan Martín, el jefe. Así le dicen todos. Él montó a caballo y fue adelante de otros jinetes a pelear contra el ejército del que deserté. Hizo una operación comando a caballo, se robó un carro del parque de artillería. Varios de estos gauchos murieron y muchos más ingleses también. Casi matan al jefe de los gauchos, se salvó por poco.
Después los ingleses, mis antiguos camaradas, empezaron a tirar con fusiles y cañones. Los gauchos de a pie que me rodeaban se desbandaron, quedé protegiendo la retirada. Hasta que los ingleses me rodearon, me golpearon y me ataron a la cureña de un cañón. Y así arrastrando me llevaron a la ciudad que llamaban Buenos Aires. O de la Santísima Trinidad.
Me están por fusilar, perdí la cuenta de los días, pero creo que es 9 de agosto. Del año de Gracia de 1806.
Si hubiera salvado la vida, quizá me hubiera quedado a vivir entre estas gentes. Muchos compatriotas lo harán y serán soldados y héroes en las luchas de esta tierra por ser independiente.
No tuve esa suerte. Nunca me enteraré que mientras me iban a fusilar en la Plaza Mayor de Buenos Aires, muchos soldados españoles y nativos venían hacia aquí e iban a derrotar a los ingleses.
Porque me van a fusilar tres días antes de que esto pase.

Ahora voy a morir. Me llamo Michael Skennon, cabo de su Majestad Británica. Pero irlandés. Desertor y traidor. Combatiente de Perdriel.

Fin.

**Nota del autor:

Una calle del barrio de Liniers en la Ciudad de Buenos Aires recuerda a Miguel Skennon. Los hechos narrados ocurrieron el 1º de agosto de 1806 en la actual Villa Ballester. Los defensores gauchos se habían atrincherado en el actual Museo José Hernández, que entonces era la chacra y caserío de Perdriel. La operación de Juan Martín de Pueyrredón, al frente de milicianos gauchos, partió desde allí y se encontró con las columnas británicas al mando de William Beresford, unos 550 hombres. Los ingleses tenían información de inteligencia que les avisaba sobre la reunión de milicias contrarias a su dominación. La otra parte de la fuerza invasora había quedado guarneciendo Buenos Aires.
El enfrentamiento ocurrió cerca del actual Liceo Militar General San Martín, en la Avenida 101, 9 de julio. En ese entonces un arroyo atravesaba la avenida. En la acción una bala mató al caballo de Pueyrredón quien salvó su vida al subir al caballo de otro soldado. Antes de este suceso Pueyrredón tomó un carro inglés con municiones y el propio Beresford estuvo en peligro, resguardado por sus oficiales.
El 9 de agosto de ese año de 1806 mientras los ingleses fusilaban a Skennon en la Plaza Mayor (actual Plaza de Mayo), desde el Tigre marchaban hacia Buenos Aires más de 1300 soldados españoles y criollos que trajo Liniers desde Montevideo. Se le unieron muchos milicianos y gentes del pueblo yendo hacia Buenos Aires a enfrentar a los ingleses en la jornada de la Reconquista, que ocurrió el día 12.

El autor:

José Huberman es argentino. Psicólogo, con amplia experiencia como psicoterapeuta y perito forense. Trabajó como docente en los niveles primario, secundario, terciario y adultos. Vive en Villa Ballester. Escribe cuentos y los difunde en su blog en Internet: https://voscontameunahistoria.wordpress.com/

Red: Facebook: José Edgardo Huberman.

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