Un cuento de Orlando Javier Chamorro

El alarido viajó por la superficie del río quebrando el silencio de la noche.
—¡Aña…! —Milton ahogó un juramento mientras manoteaba instintivamente su costado; el contacto con la culata del revolver lo tranquilizó por un instante. Se recompuso manteniendo el hermetismo inicial. Era su don pasar inadvertido. Descalzo, en cuclillas; el agua tibia y amarronada del Iguazú lamía sus pies. La niebla de media noche se contorneaba sobre la superficie esfumando su desgarbada figura.
Aguzó los oídos. La lineada se perdía unos metros por delante, comenzó a recogerla lentamente.
Por detrás, el barranco se levantaba hacia las penumbras sujetando matas de pastos y algunos árboles desnutridos que se aferraban tercamente a las piedras con sus largas y pálidas raíces.
Ensartados por las agallas tres bagres medianos colgaban de un fino barral de guayuvira, los ojos brillantes y sin vida, miraban la nada.
Otro alarido, esta vez, apagado. Milton auscultó la niebla al frente una suave lluvia despejó el velo blanco dejando al desnudo los oscuros murallones de piedra de Puerto Meira. Un escalofrío le recorrió la columna vertebral.
De repente, las palabras del viejo pescador, Valdemar, tomaron por asalto su memoria: “…cuando la niebla se forma a medianoche, esa cosa aparece de la nada y te lleva. Tené cuidado chamigo…,” —palabrerío de pescador, —dijo aquella vez. Sacudió la cabeza como queriendo espantar ese pensamiento. Decidió dar por terminada la pesca.
Vació con premura el balde de las carnadas; trozos de carne en descomposición, mojarras y tripas de gallina flotaron un instante antes de ser arrastradas por la suave corriente.
Pensó en activar el celular y llamar a su esposa para avisarle que regresaba más temprano de lo habitual, pero ¿y si delataba su posición a la prefectura o a contrabandistas? Estaban en veda y, por si fuera poco, los paseros le advirtieron que no pesque en esta zona.

Comenzó a subir por una hendedura que se abría en el matorral. La mochila parecía pesar toneladas, pero solo contenía los tres bagres, anzuelos y unas pocas plomadas.
Al chapoteo le siguió un sonido gutural. Milton se detuvo. Parecía que le habían aplicado un puñetazo en el estómago. Se parecían a las gárgaras que hacía su difunta abuela; esa mujer tan temida aún vivía en sus pesadillas.
Aquel niño, de padres ausentes, no tuvo más opciones que vivir con la anciana. Ella era déspota, un ser malvado a los ojos del pequeño, y, cuando murió, él sintió un alivio pasajero, porque luego de un tiempo, comenzó a visitarlo en sus sueños.
“…rastrea tus miedos y no para hasta encontrarte…” —¡carajo! —ya no pudo contener los gritos. Las advertencias de Valdemar se adhirieron como espinas. Continuó ascendiendo por el trillo que desembocaba en una calle aledaña al barrio donde vivía. Una mano helada le aferró los tobillos justo antes de salir al descampado.

Un perro hambriento siguió el olor a pescado hasta la mochila. No le costó nada desgarrarla y comenzar a devorar a los bagres que había en su interior. Se detuvo un instante solo para ver cómo una anciana arrastraba al pescador hacia las profundidades del río, allá abajo. Continuó comiendo con premura, antes de que los otros perros vengan a disputarle su preciado banquete.

Fin.

El autor:

Orlando Javier Chamorro

Nació en San Ignacio Misiones el 28 de febrero del año 1966.
Oriundo de Gobernador Roca.
Reside en Puerto Iguazú desde el año 1990.

Libros publicados

2018 «Cicatrices» Editorial Autores de Argentina. (Cuentos)

2020 «La Colmena» Editorial Autores de Argentina. (Cuentos)

2022 «El Clan del Fuego»
Editorial Autores de Argentina. (Cuentos)

2023 «El umbral difuso»
Editorial Autores de Argentina. (Novela de terror ilustrada)

2024 «Zahorí Crónicas de un rabdomante» Editorial Autores de Argentina (cuatro cuentos y una novela corta) terror.

2025 «Las hijas del Yvyra Pytã» Editorial Autores de Argentina (novela ilustrada-drama-fábula)

Una respuesta a «Pesca macabra»

  1. Avatar de Mónica Analía Ortíz

    ¡muy bueno ! Lo leí con mis alumnos

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